¡Kindle sorpresa!

Las crónicas del Otro Mundo

Salvo por el hecho de tener una costilla rota y, por ende, ver las estrellas de vez en cuando cada vez que tosía o simplemente porque así lo decidía el cuerpo ya que él es muy de hacer esas cosas (es un rebelde sin causa orgánica, qué le vamos a hacer), estaba siendo una mañana de sábado tremendamente anodina. Me dedicaba al cien por cien a darlo todo con el tratamiento indicado para dicha dolencia, lo que significa que estaba reposando como si no existiera un mañana, con lo cual darlo todo con el tratamiento consistía básicamente en no hacer nada más que permanecer estático. Es decir, toda mi entrega se basaba en hacer el vago (y eso se me da de lujo). No obstante, la mano derecha permanecía activa manejando el ratón del ordenador, porque uno no es de piedra y también lo da todo en lo que se refiere…

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